jueves, 11 de octubre de 2012

Jacques Cathelineau


En el marco de la Revolución Francesa, se desarrollaron las guerras de la Vendeé, una región de francia cuya evangelización 100 años atrás había sido llevada a cabo por un gran Santo, Luis María Grignion de Montfort.  
 La ejecución de Luis XVI, el 21 de enero de 1793, conmocionó a toda Europa y fué el comienzo de una persecución política pero por sobre todas las cosas, una persecución religiosa.
 Este cuadro es uno de mis preferidos, muestra a un ejemplar y valiente padre de familia llamado Jacques Cathelineau, se encontraba amasando pan para los suyos en el momento en que vinieron a buscarlo para comunicarle sobre la terrible situación de peligro en que se encontraba a esas horas la Fe de todo el pueblo Francés. Estaba dispuesto a dar la vida por Dios y por el Rey. Los jóvenes de la Vendeé tenían muy claro en su corazón y en su mente quienes eran los enemigos de la Verdad y cuáles eran las virtudes de un Cristiano.   

El 13 de marzo, Jacques Cathelineau —de profesión carretero, conocido y respetado por su devoción religiosa, de tan solo 34 años, casado y con cinco hijos— es anoticiado por su cuñado Jean Blon de lo sucedido en Saint-Florent; al poco tiempo entran preocupados en su casa varios vecinos: el sastre, el carpintero, el herrero, el zapatero y labradores en número de veintisiete, para consultarlo. Entonces se armó de una pistola, ató a la cintura el santo rosario y fijando sobre el pecho la imagen del sagrado Corazón de Jesús, salió a la plaza pública para hablar con sus paisanos; antes de llegar al extremo del pueblo, quinientos hombres lo seguían: toda la población de Pin-en-Mauges. Marcharon al castillo de Jallais, donde había un pequeño destacamento de la guardia nacional con un cañón y lo tomaron; luego cayó la población de Chemillé.

Semana Internacional de la Crianza en Brazos.


Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo hasta al dormir.
No resbales de mi brazo:
¡duérmete apegado a mí!

Gabriela Mistral

viernes, 24 de agosto de 2012

Embarazada.








Como el disco del sol promete el día
en tímido atisbar entre las sombras,
así tu cuerpo promete la vida
en su lento crecer hacia tu honra.  

Nunca más llevaras tanta pureza
que en ese vientre lleno y atareado
y jamás mostraras tanta belleza
que con tu cuerpo grueso y deformado.

Vivirás cada trozo de tu hijo
desde el instante en que era solo amor;
lo sentirás latir en tus entrañas
en la más grande obra que hace Dios.

Y así llegara el día de tu gloria,
cuando el dolor de pronto se haga fruto,
y entre tus manos plenas de cariño
cante al mundo tu niño su canción.

Él comerá de tus lozanos pechos,
aprenderá de tu querida voz;
caminará apoyándose en tus manos
y crecerá al amparo de tu amor.

Y será hombre o mujer algún día,
cuando ya esté cumplida tu misión.
Habrás ganado la mayor alegría:
serás madre, sonríe y canta una canción.

Pedro Lapido Estrán.

El drama del aborto


Esta escultura representa el drama del aborto, una madre destrozada por la terrible decisión que ha tomado. La culpa, el dolor, se apoderan de ella. El síndrome pos aborto es una realidad que no debemos dejar de tener en cuenta ya que atormenta a muchas mujeres.
Pero siempre existe una salida, el alma del pequeño hijo abortado perdonando a su madre es una imagen desgarradora pero que nos muestra la inmensa Misericordia de Dios.
Una obra fuerte y hermosa que nos invita a reflexionar sobre las terribles consecuencias de este flagelo que se dispersa por el mundo con el falso slogan del “derecho a decidir”.

Nuestra Casa

Querría cavar la tierra con mis manos,
para hacer los cimientos de mi casa,
y gozar de su húmeda frescura
en el caliente temblor de mi cansancio.
Querría colocar los ladrillos con mis manos
y levantar las paredes de tu casa,
hablarles y tratarlos con cariño
y darles un nombre a cada uno.
Querría cortar las maderas con mis manos
y tejer el techo con nuestra casa,
que nos cobije con el celo de una madre
en el calor de su entraña vegetal.
Querría colocar una puerta grande
por donde entren los amigos a tomar un café,
a charlar de muchas cosas
y a dejar el calor de su amistad.
Por donde entren también de nuestros hijos,
los amigos, los cantos, las risas,
y el pujante asombro de los jóvenes
descubriendo la vida que se inicia.
Y muchas ventanas claras,
para ver las flores del jardín
y los hijos jugando con el sol
con la tierra y el verde de las hojas.
Y sentarse a una mesa larga
como para doce, y en su piel
el mapa de viejas cicatrices,
de fuentes calientes y copas rebalsadas.
En la entrada un farol de hierro, antiguo,
cargado de sueños y de historias
de duendes visitantes de la noche,
y de amores a la luz de las estrellas.
Celoso guardador de mil secretos,
sereno observador de mil conciencias,
con la sabia autoridad de sus arrugas
oxidadas de tiempo y de inclemencias.
En un lugar importante,un espejo grande,
luminoso,que exprese nuestro modo de sentir,
y haga presente el cielo, el sol, la tierra,
el árbol, el agua y las estrellas.
Hacer de toda nuestra casa
el Altar al Señor de mi fortaleza
al Señor de tu ternura y de tu paz
y de la riza de los niños.
Para que reine en ella, Soberano
de nuestra intimidad,
de nuestros fracasos y de aquello inefable
que llamamos felicidad.

Juan Carlos Monasterio.


Un sueño... construir alli nuestra casa.